Viviendo Con Alas

LOS VALIENTES TAMBIÉN LLORAN

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“Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo”. Nelson Mandela.

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Recuerdo el día que escribí estas palabras. Apenas llevaba unos días en Perú, estaba sola, en silencio, llena de miedos, descolocada y analizando el ajetreo de los días previos. Uno de esos momentos en los que las ideas y palabras salen como el agua de una presa deseando ser vaciada.

¿Valiente?

Los días antes de mí viaje en solitario por Sudamérica escuché en muchas ocasiones la palabra valiente. Una y otra vez se repetía mientras yo no me sentía como tal. Claro que le estás poniendo ganas, que estás dando un paso que no es nada fácil, pero eso no quita que lo hagas llena de miedos, que te sientas asustada y abrumada ante un camino que te resulta desconocido y que no sabes cómo vivirás.

Los valientes también lloran

Y es que los valientes también sufren, lloran, se atascan o bloquean. La diferencia quizás no sea otra que pasamos a la acción. Decidimos apostar por aquello en lo que creemos y luchar por conseguir lo que anhelamos. Elegimos afrontar las dificultades, aceptarlas como parte del proceso e impedir que los miedos nos frenen. Y aun así, aunque tomemos la decisión, eso no hace que el proceso sea fácil.

En este tiempo he pasado por infinidad de miedos,  de dudas y de situaciones que sentía se me hacían grandes. En este tiempo he llorado, me he asustado y he llegado a plantearme «¿pero qué es lo que estás haciendo?» “¿quién te mandaría a ti?” “¿con lo bien que estás en casa?”.

Cuando apostamos por algo que realmente reta todas nuestras capacidades, algo que estimula cada uno de nuestros sentidos y revoluciona toda nuestra vida es fácil que todo lo que experimentamos nos embriague. Infinidad de emociones a las que poner nombre e intentar tener bajo control. Una locura que aterra y al mismo tiempo embelesa.

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Y la locura se convierte en dulce cordura

Y es que cuando empiezas a escucharte y seguir aquello que sientes que debes hacer los miedos comienzan a merecer la pena. Cuando estás caminando en la dirección que deseas, cada tropiezo se convierte en un logro, en un paso más hacia tu objetivo. Cuando tienes la convicción de ser quien quieres ser la locura se convierte en dulce cordura. Y te sorpendes a tí misma sonriendo ante las situaciones más surrealistas.

¿Y por qué?  Porque te sientes orgullosa de haber tomado las riendas,  de tomar el control. Orgullosa de haberlo intentado. ¿El resultado? Ya no importa. Sea cual sea tendrá sentido para ti. Será el resultado de tus propias decisiones y acciones y te aseguro que no hay nada que pueda merecer más la pena. Nada que pueda hacerte sentir más serena.

Y lo que venga… ya se verá, pero siempre compensará, aprendizajes a sumar.

¿Y tú? ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Qué retos has afrontado? ¿Qué miedos has superado? Me encantará leerlo, aprovecha la zona de comentarios si te apetece compartirlo.

 

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